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Como un ladrón libre,
robe para mis recuerdos
los pequeños detalles que te hacen
especial ante mis ojos,
ocultándome como peregrino entre la multitud,
que vive inadvertida,
perdiéndose cada segundo
de la extraordinaria belleza que seduce
suavemente mi voluntad,
y guardando sin permiso:
La encantadora sonrisa que crearon tus labios…
El color de tus ojos con que te vistió el cielo…
La puerta por donde susurraría mis poemas…
La tierna voz que repica en mi corazón…
La delicada textura del pétalo de una rosa
que me engaña con la de tu piel…
Pecando de felicidad
por el oficio que adquirí al conocerte,
cubriéndome de vergüenza
por el rubor que producía una mirada tuya,
condenándome a intentar robar tu corazón.

 

Todos los pensamientos y poemas